Querida
nadie:
Acabo
de leer que la gente tarda una media de entre seis meses y dos años en superar
a alguien de quien se ha enamorado. Ahora comprendo que todo eso que había
sentido antes no era más que una vaga intención de algo semejante al amor. Creo
que esa media de tiempo la superaré con creces. Me ardes en el pecho y en el
recuerdo, dudo que te vayas a borrar en un tiempo tan breve. Aunque supongo que
yo desapareceré mucho antes de tu memoria y tus recuerdos, pero si de algo
sirve todo esto, espero que sea para que al menos durante un segundo me
recuerdes, como un cometa. Supongo que fui, soy y seré, fugaz y frugal. Breve,
como una estrella fugaz, de esas que si tienes la suerte de ver, pides un deseo.
Tú siempre serás el mío.
Eres
mi cometa, te estrellaste en mi pecho y de ahí no saldrás jamás. El amor se
aprende a superar, o mejor dicho, a convivir con la ausencia, pero nunca se
olvida. Me pusiste en órbita, me impulsaste hacia el vacío y decidiste que
saltar conmigo era una buena opción. Me aprendiste y enseñaste, y todo eso es
imborrable. Supongo que al mismo tiempo te has convertido en inmarcesible, da
igual el tiempo que pase que esta sensación que me arde el pecho, me enfría las
manos y me anuda el estómago al verte no se marchitará jamás.
Mi
suerte es encontrarte seria en las fotos y oírte reír a carcajadas. Como cuando
te tapas la boca avergonzada mientras te ríes, pensando que eso estropea la
escena, cuando en realidad es parte de tu encanto. O quizás, otro de mis
momentos favoritos es cuando ese pelo revoltoso, de leona, como me dices muchas
veces, se rebela y se descuelga para dejar tapado uno de tus ojos. Y aunque no
lo vea, saber que esa pupila está clavada en mí me sigue haciendo estremecerme,
ponerme nervioso y no saber dónde mirar. Porque aprendí a mirarte, sin miedo a
los ojos, porque tienes esa maravillosa habilidad de desnudar almas, y la mía
se desprendió de su coraza a una velocidad abismal frente a ti.
Quizás
en dos años, en siete o en once, da igual el tiempo que pase, haya aprendido a
convivir con esa chispa que se me enciende cada vez que cambiamos unos
mensajes, o con ese cosquilleo si paso cerca de aquel aparcamiento, o con la
estúpida sonrisa que se me dibuja en cuanto veo una foto tuya. Supongo que sí,
que aprenderé a que eso siga siendo un reflejo de todo lo que se mueve aquí
dentro, pero no lo sé, simplemente espero que así sea.
Buscar
el amor es una distopía. El amor, llega, te destroza el alma, te rompe el bazo,
te quema el bulbo raquídeo, la hipófisis, te ensancha las arterias del corazón
y te gasta vida, porque cada vez que se me aceleran los latidos estoy un poco
más vivo, pero más cerca de la muerte. Ojalá gastarlos todos, acompasados,
veloces, irreverentes… pero a tu lado.
Así
que, querida nadie, me sigues robando latidos. Creo que es maravilloso. Algo
arde en mi pecho, deben ser los restos de tu cometa que siguen iridisciendo mis
pupilas, incluso cuando no me miras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario