Para ti:
Puede que ahora apenas recuerdes
esos días en los que tu cabeza se levantaba y se acostaba conmigo, o al menos
pensando en mí. Porque siempre fuiste más tú que yo. Y eso que yo intente
que todo aquello fuese un nosotros.
Pero ya da igual lo que diga, porque
ni tan siquiera te molestarás en buscar, en eso que algunos afirman que tienes,
corazón, para saber si quisiste querer alguna vez o tan sólo fue una
pérdida de tiempo.
Te quierose. Y creo que
algunas veces sigo haciéndolo, pero siempre dio igual, o eso creo. Y volverás,
porque aunque te hayas ido, hay quien siempre vuelve. Y continuarás haciendo
todo aquello que me desarmó al completo en cada noche, cada roce y cada si
encadenado a un temeroso no.
Necesitaría un par de vidas para
poder escribirte todo lo que necesito. Pero es suficiente por el
momento. Te echo de menos, pero no vuelvas, porque caeré de nuevo. Te has
ganado el cielo conmigo, o al menos eso dices algunas veces.
Esa tremenda normalidad que te
caracteriza me encantaba y creo que nunca debes desprenderte de ella.
Sin todo aquello que la gente no sabe de ti, no eres tú. Y tú, eres lo mejor
que le puede pasar a alguien que esté tan loco como para sumirse en ese abismo
en el que uno se instala para tratar de instaurar la paz en todo ese caos.
No hay caos sin amor. No hay amor
sin caos. Y tu caos, querida, es lo más bendito que ha rozado estas pupilas
desgastadas que tanto miraste, y que espero sigas mirando algún día.
Quiero decirte algo. Hace poco leí
que no hay nada que no solucione una mujer con los labios pintados con carmín
rojo. De eso sabes mucho, así que con esa mirada tan tuya, y con esta mía,
podemos solucionar todo aquello que no supimos ni siquiera nombrar.
Maldita locura la nuestra, que cuando
parece que acaba, quiero que vuelva a empezar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario