Seguidores

22.7.15

Irr(e)alidad.

Me niego a pensar que no fue real. Ella era como esa mano que necesariamente tiene que mantener firme el bolígrafo para poder comenzar a trazar unos renglones torcidos.

Sus ojos, los malditos cómplices de mi inestabilidad emocional. Esos, que guardan con mis pupilas más de una historia que algún día nos decidiremos a contar. Historias que tienen un principio, que dibujamos hace un puñado de meses en esas frías rocas de un camino aún por andar, pero de las que aún no conocemos el triste final.

“Tu mirada es dulce” – se atrevió a susurrarme una madrugada en la que las cosas que no nos dijimos apenas eran importantes porque nos llenamos de verdades. Mi mirada, como si fuese algo del otro mundo lo que estos ojos pueden transmitir.

Esa descompensación entre ella y yo se solventaba a base de miradas, de actos insensatos que partían desde nuestras pupilas y acababan en unos labios tan rotos por el frío como por las malas historias que precedían a estos ojos.

Sus labios, rotos como los míos, se llenaban de algo que jamás había encontrado, de esperanza por algo mejor, una especie de locura insensata sustentada en largos silencios que ella llenaba, y espero que siga llenando, con actos imprudentes de sus manos. Esos actos tan imprevisibles dejaban un halo de algo imposible de definir, pero tenían la capacidad de llenar esos silencios en los que se encontraba sumida.

Tiene, unos rasgos perfectamente imperfectos y además aunque esté rota por las cicatrices que otros han dejado, o por las costuras que se entreabren cuando acecha la realidad, sigue teniendo una infinita belleza, que sólo se rompe entre los llantos que la dichosa fortuna es capaz de ocasionar.

Puede que sus largas piernas, sus rojos labios, sus tímidas e imponentes pupilas, su sonrisa oculta, sus eternos silencios y su largo mar profundamente negro no sean la conjunción más perfecta que existe, pero son el cúmulo de aciertos desatinados más perfecto que conozco.

“Bendita decepción la mía al verte ir, porque tuve la suerte de encontrarte al llegar. Y volvieron mis miedos a esconderse al verte aparecer entre mis labios”.



No hay comentarios:

Publicar un comentario