Sus
labios, la puerta al infierno que más de una vez me invitó a cruzar. Nunca
llegué más allá de esa bonita sala de espera, que antecedía las llamas propias
del reino del diablo.
Aquellos
ojos, evocadores de ángeles, tan buenos y tan malos que ayudaban a morir
matando. Tan profundos y delicados que no puedes evitar sumirte en ellos, para
poder, siempre que te deje, descubrir a ese ángel expulsado del infierno que
era ella.
Un
par de cicatrices recorrían de arriba abajo su espalda, surcada por mil y unas
noches de soledad, besos perdidos, miradas encontradas, piernas cerradas y
labios desgarrados de tanto buscar sin encontrarse.
Así,
como un enigma irresoluble, del que solo quieres hallar un camino, para cruzar
al otro extremo y tan sólo, durante un segundo, encontrarte… entre el cielo y
el infierno.
Allí,
en aquella frontera, entre sus ojos y sus labios, tú, te desdibujas ante su
presencia. Te fundes, entre sus múltiples encantos, dudas y debilidades. No
dejas al descubierto más que un resquicio para respirar entre sus labios, y
ella, te descubre, te destroza. Sin querer, sin pretender nada más que
quererte. Sin medias tintas, apostando todo lo que tiene al todo o nada.
Buceando, perdida, entre tus recuerdos, haciéndose con ellos, descubriendo,
pedazo a pedazo, tus secretos.
Y
así es como ella quiere, sin medida, con cautela y para siempre.
Te
separas, desapareces, y sin saber dónde estás, ella te encuentra, pero eres tú
el que la rescata entre la gente, la llevas a salvo, a esa isla entre los dos.
Esa, en la que se tocan el cielo y la tierra, la paz y la guerra, el amor… y
ella.
No
dura más que un suspiro, no necesitamos más. Y la miras, te mira, tan fijamente
que llega a doler, sólo un instante. Ha llegado el momento, las llamas del
infierno se vuelven celestiales, y las nubes del cielo, infernales.
La
calidez de sus labios te invita a perderte entre ellos. Te va llamando, como si
fuese una sirena, pero con el fin, el fondo y el envoltorio perfecto. Dulce a
rabiar, y terrible, sin dudar.
Así,
en el infierno de sus labios, encuentro el cielo.
Es la gloria.
ResponderEliminarCómo me gustan tus textos!
Muchísimas gracias :)
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