Seguidores

17.5.14

Sobre decisiones vertiginosas

¿Cuándo estás ascendiendo y cuando in crescendo? 

Las relaciones son de lo más complicado. Sobre todo cuando las dudas te acribillan y controlar el miedo a perderle es prácticamente imposible. 

En este punto, el agobio comienza a oprimirte y la cordura desaparece. La forma de actuar es completamente ilógica y ni ellos mismos se reconocen. 
Y esto Sofía lo sabía muy bien. 

El último detalle que había recibido era "El beso" de Klimt en versión vinilo. Con una frase en el dorso que decía algo como "siempre a mi lado". 
De este estupendo regalo hacía meses. Y en este tiempo había escuchado una serie de comentarios que dejaban mucho que pensar acerca de quién era realmente su pareja. 

¿Y si vivía en una mentira? ¿Y si era cierto y él tenía una vida paralela? 
Todas estas ideas hicieron que Sofía necesitase la independencia que él no le daba.
Lo cierto es que ella odiaba el control, era más como un alma libre que necesita amor, no rutina. 

Él, por el contrario, era todo calma, seguridad y sobre todo cero cambio. No le gustaban aquellos altibajos, es más, no le gustaba nada que saliese de lo común en su día a día. Roto por la idea de no poder hacerla feliz, se dejó ir, cada día un poco más. Nunca había sentido nada como aquello. Pasaba horas y horas en el trabajo o deambulando por las calles para no verla de nuevo, tenía tanto miedo... que fue incapaz de volverse valiente.

Esta era la estúpida rutina, de dos locos, enamorados, en su día más de la cuenta, y ahora, cuentan cada minuto que están cerca del otro, porque les parece demasiado. Seguían siendo lo que todo el mundo quería que fuesen, un par de extraños que compartían cama, vida, y algún que otro suspiro. 

Pero hace tiempo que los sueños se esfumaron, los besos se perdieron, y aquellas palabras, las que sellaron su amor, se fueron diluyendo en el tiempo, arrastradas por las mentiras para no quererse, que cada día se lanzaban. Mentiras piadosas, escondidas, verdades, que solo retrasaban aquel final anunciado.

Sofía apenas le miraba, él, casi ni la rozaba. Así es como el principio del fin, comienza. Sus labios sellaron el último adiós, el más dulce final para un punto y seguido bastante amargo. Una despedida sutil, sin poder sospechar  que se perdía para siempre el momento de disipar cada una de las dudas. Así acabó todo, sin explicaciones, sin llantos, sin un último suspiro, simplemente hizo falta una mirada para saber que la felicidad se había esfumado.

Entonces, Sofía llenó la maleta de desilusión, de regalos que ahora no tenían la menor importancia, de años perdidos, de incertidumbre,  de recuerdos agridulces, de viajes que nunca harían a Roma, París o Estambul, de promesas rotas, de desamor.

Y le dejó a Él en aquella casa que ya ni hogar era. Pues sólo quedaban unos cuantos muebles, y nada que dar sentido a una vida estancada en la más profunda rutina.
Sofía era una de esas  que  se habían armado de valentía para cumplir un simple sueño: ser feliz. Y estaba dispuesta a todo por conseguirlo.

Era una de esas pocas que no se quedaban ancladas en el pasado, tomaba decisiones precipitadas, seguía los impulsos del corazón, y esta vez le decía que hacía tiempo que había dejado de soñar y ese era el principal motivo para haber dejado su sueño a un lado.

El vértigo y la libertad algunas veces van unidos, y llegan a un camino: la felicidad.



Escrito por Martina y Miguel


2 comentarios:

  1. "El vértigo y la libertad algunas veces van unidos, y llegan a un camino: la felicidad." No sé cómo expresar lo bonita y pura que es esa frase. Es preciosa.

    ResponderEliminar