A
veces la imagino ahí sentada, frente a una pantalla iluminada. Lleva demasiadas
horas despierta, y como siempre, antes de dormir, le gusta perderse en ese
mundo que hay al otro lado.
Ahí
me encuentra, me lee y se lee entre los huecos de mis palabras. Comienza a
dibujar con sus ojos en mi alma promesas que sus labios nunca cumplirán.
Y
así es como cada noche, mientras duermo o me tiendo sobre las sábanas para
poder pensarla, ella se desdibuja ante la pantalla. Se vuelve más yo y menos
ella, pero en ese instante, el texto pone su punto final.
Comienza
a dibujar su sonrisa y su pensamiento, pero no por mí, tampoco por ella, quizás
ya no por nosotros.
Se
apaga la caja luminosa y vuelve al mundo en el que las cicatrices marcan su
cuerpo. Yo, mientras tanto me dedico a echarla de menos tres veces al día, cien
cada noche.
Taaan tristeee.
ResponderEliminarO tan bonito... Quizás, tan sólo necesitemos ver las cosas desde el otro lado para poder valorarlas.
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