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12.11.13

Dibujar

Dibujar sonrisas en rostros ajenos. A eso me dediqué algún tiempo. Puede llegar a ser gratificante ver a quién no para de llorar, esbozar una leve sonrisa a causa de tus estupideces. Y ver a aquel que siempre sonríe, hacerlo con más fuerza por tus palabras.

Nunca se me dio demasiado mal. Aunque jamás aprendí a dibujarlas en mis labios. Escucho sonrisas, veo risas, dulces momentos que soy capaz de generar, o eso me han hecho creer.

Fue bonito. Jamás nadie me lo agradeció tanto como ella. La encargada de hacer que este que ahora se encarga de dibujar sonrisas llevase una permanente. Ella, quién siempre estaba feliz, incluso mientras lloraba. 
Qué paradoja, llorar y ser feliz. Sonreír y estar triste. Vivir y querer morir. Morir… y arrepentirse de no haber vivido.

Temo que llegue el fin, y desear haber aprovechado más cada instante. No momentos en general, si no, los momentos junto a ella. Cada despertar, cada anochecer y amanecer, cada caricia, cada mirada, que tanto me decía sin separar sus labios.

Y es que, además de las sonrisas, las miradas pueden hacer magia. Puedes reír, querer, sentir, disculparte… Debemos aprender a mirar, y mirar queriendo.


La echo de menos. Quiero volver a despertar y que no sea un sueño. La quiero volver a mirar, y que sea, de verdad…

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