Tenía los ojos marrones,
algo bastante común, pero su mirada era completamente diferente a la
del resto del mundo. Su pelo largo, moreno, sedoso y con un gracioso
flequillo que le permitía jugar y esconderse cuando ella quería. No
era demasiado alta, era delgada y lo que más caracterizaba a aquella
chica era, su eterna sonrisa, su pequeña nariz y sus labios.
Aquella mañana se
levantó con ganas de comerse el mundo, y salió decidida a decirle a
aquel muchacho lo que sentía por él. Ese chico era alto, moreno,
con el pelo medianamente largo, solía llevar barba, su aspecto era
bastante descuidado y tenía un aire misterioso, a su vez, parecía
un tipo duro, difícil...
Llegó, le vio, se plantó
frente a él y le dijo que llevaba tiempo soñando con estar a su
lado, con descubrir un poco más de él, deseaba saber que había
bajo ese disfraz de tipo duro. Él, con un cierto aire de arrogancia,
la miró, y prosiguió su camino.
Algo hizo clic en su
cabeza, se dio cuenta de que aquella chica quería descubrirlo,
quería saber lo que ninguna otra había intentado conocer. Quizás,
debería decirle algo, la conocía desde hace tiempo pero nunca se
había planteado lo que ella podía suponer para él. Quizás, lo que
llevo tanto tiempo buscando este más cerca de lo que creo – pensó,
pero rápidamente deshecho aquella estúpida idea, nadie lo había
intentado nunca, ella no sería diferente.
Aquel mismo día, cuando
llegó a casa, se sentó en su cama y comenzó a pensar en cómo
sería su vida con ella, esbozó una sonrisa. Decidió coger el
teléfono móvil y escribió rápidamente: “Aún podemos conocernos
mejor, intentarlo. Sonreír juntos... Vivir y ser felices. No
perdemos nada al intentarlo.” Estuvo dudando unos minutos acerca de
si enviarlo o no, finalmente, decidió enviarlo...
Tras un par de horas su
teléfono sonó, era un mensaje, la respuesta era clara y concisa:
“Si”. Tras leer esto, cogió su chaqueta, salió a la calle, aún
llovía, corrió hacía la casa de aquella chica, llamó a su puerta.
Tuvo que esperar un poco pero enseguida apareció ella, su mirada aún
era mejor que lo habitual, ella estaba radiante. Sonreía
constantemente, estaba feliz. Fueron a caminar bajo la lluvia, él,
en un acto de valentía, se acercó mucho a ella...
Apartó su pelo mojado
lentamente, acarició su cara despacio y de forma muy cariñosa. Se
acercó lentamente mirando a esa preciosa chica a los ojos, apenas
rozó sus labios pero ya sentía más que con cualquier otra. La
lluvia inmortalizó aquel beso y el tiempo aquel amor...
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