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¿Y si se muere? – me espetó con frialdad ese pequeño niño.
Es
difícil saber encontrar una buena respuesta, a una pregunta que sin duda es sí.
Puede que lo mejor sea morderse la lengua, que se lanzaba envenenada hacia la
verdad, y disimular, si se puede, una respuesta que no duela.
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Si se muere… nos cuidará desde el cielo – sabía que no era la mejor respuesta,
pero no podía hacer otra cosa.
Me
miró fijamente, con sus pequeños ojos abarrotados de lágrimas, apretó mi mano
fuertemente, y quiso no estar allí en ese momento.
Lo
lleve lejos. Lo saqué de esas paredes color crema que decoraban aquel triste
hospital. No dejaba de aparecer en mi cabeza lo que iba a ser de él, cuando el
irremediable futuro actuase.
Nunca
es fácil afrontar esas palabras, y menos si vienen de un niño, que ve cómo ante
sus jóvenes ojos, se escapa algo que le ha cuidado durante años. Quizás, lo más
coherente sería sentarse a su lado, y esperar. Pero la vida no espera por
nadie. Es demasiado frívola como para pararse a comprender que ese niño aún le
necesita a su lado. Pero no duda, le arrebata todo, antes de tiempo.
Sí.
Se muere. No tiene el tiempo suficiente para ver como creces, para hacerle
sentir feliz, para verte jugar. Ya no. Se acaba la aventura antes de tiempo,
pero tú, eres el encargado de continuarla, porque ahora, por muy sólo que estés
siempre tendrás compañía.
Puedes
creer en algo más allá, puedes no hacerlo, pero cuando realmente lo experimentes,
sentirás que no estás solo, que en cierto modo, se ha quedado ahí, aunque jamás
te verá conducir, ni volverá a cruzar la puerta de casa, pero no se ha ido del
todo.
Puede
que tan sólo necesites recordarle para que no se vaya. Aunque es inevitable que
el tiempo vaya borrando su huella. No es justo. Lo sé, pero no queda más que
seguir colocando un pie tras otro para no dejar que se borre el camino.
Y
si… Siempre nos planteamos este tipo de dudas. Y si pasa, pasó. Y si no… haz
que pase. No esperes a que te regalen nada, búscalo, gánatelo. La vida, es como
un juego en el que nunca te toca mover ficha, pero siempre eres el protagonista
de tu partida.
Tienes más razón que un Santo...
ResponderEliminarNunca dejes de escribir :)
¡Muchísimas gracias! :)
Eliminar¡Cuánto me ha gustado!
ResponderEliminarEl momento que has descrito es uno de los momentos más duros que puede pasar una persona, y más aún un niño.
Cuando alguien se marcha, quedan miles de cosas por que vea, y es complicado afrontarlo y continuar a delante, porque te falta una pieza que es fundamental.
Lo has reflejado de una manera tan realista...como siempre haces Miguel.
Muchas gracias por el comentario que me dejaste en el blog.
Creo que es de lo mejor que alguien me podría decir :)
Un beso y feliz semana
Me gusta la actitud con la que acabas el texto, te veo positivo jaja
Muchísimas gracias por leerme, y por comentar. Esto solo hace que quiera seguir escribiendo.
EliminarUn beso :)