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14.6.14

Y siguió...

“Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido”

Así, como dice Sabina, es como siguen las cosas cuando ya no hay más, cuando se acaban y se apagan las llamas de una vida.

Quizás, después de haber leído una cantidad ingente de libros acerca de la positividad, y de afrontar las pérdidas como ganancias, pueda decir que es imposible. Un recuerdo tarda más de una vida en borrarse aunque en tan sólo un par de segundos deje una huella. Y puedes leer, escribir, reemplazar, pero no olvidar, cambiar o sustituir.

Porque pasaran los meses y seguirás sintiendo que es su llave la que se desliza por la cerradura, que en un instante girará en el sentido contrario a las agujas del reloj, y volverá. Pero ya no. Ya no abre la puerta porque no está. Y lo sabes, pero no dejas de imaginar que hubiese sido de ti si…

Y llega un instante en el que crees que has empezado a asumirlo, a aceptarlo, pero estás comenzando a olvidar uno a uno los recuerdos a su lado. Se borran, despacito, movidos por un pequeño mecanismo hacia el abismo. Y no puedes evitar que se pierdan, porque hace ya demasiado que no creas uno nuevo junto a esa persona que se fue.

Pero aparece ella, la que siempre está aunque no se la vea. La que, con tan sólo una mirada, una sonrisa y un par de palabras te entiende, y la comprendes. Entonces, pregunta afiladamente sobre todo aquello. Cada palabra se clava como un cuchillo en la mantequilla, son puñaladas demasiado profundas.

Y está ahí, ávida de saber más, de conocerte. Te espía con esos ojos que a veces no van a su lado, sino al mío. Con esa mirada, tan intensa y profunda, como esas puñaladas llenas de respeto y admiración. Y espera que respondas. Ayuda, con esas palabras que nadie te dice, a Recordar(le), te dispara de nuevo, y se lo agradeces.

No quieres que pare, porque ella es la que marca el punto de no retorno de aquello que se borró, pero fija, todo eso que vives para ella, y con ella.

Supongo que la gente cuando ve dibujadas en tus letras, las cicatrices que ocultas, siente una irrefrenable necesidad de decirte cuanto siente esas cicatrices, lamenta las heridas que lo causaron. Ella no. Ella las destapa, las observa, las abraza, y las guarda con tanto celo que parecen suyas.

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