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5.10.13

Tormenta

Su pelo largo, sedoso y moreno. Su piel había tomado un tono más oscuro de lo habitual debido al verano, pero seguía siendo tan sedosa como antes. Deslizar un par de dedos por su cara, para apartar un mechón de pelo y dejar ver completamente aquellos ojos, era algo que le encantaba hacer. Sentado frente a ella, rozar su cara, sentir como ella se estremecía ante lo inesperado, y él, esbozaba una media sonrisa cómplice.

Nunca miraba a nadie a los ojos, salvo a ella. Sus ojos parecían casi grises, como si en ellos se hubiera desatado una tormenta imposible de parar. Cuando ella lloraba, se tornaban más oscuros, como cuando las nubes están a punto de descargar su lluvia. Pero cuando las lágrimas dejaban de lanzarse a la aventura de recorrer aquellas mejillas, los ojos se comenzaban a aclarar y volvían a su gris natural.

Sus facciones eran tan suaves y delicadas, que parecían haber sido esculpidas cuidadosamente, y que tan sólo podían haber sido encajadas en aquel rostro, en aquella chica, con aquellos ojos.

La vio por primera vez montada en un autobús que él tomaba ocasionalmente. La encontró de pie, agarrada a una de esas típicas barras. La primera impresión, fue que aquella chica era una de esas inalcanzables, de las que con tan solo una mirada o un chasqueo de sus dedos tenía el poder de convocar a un centenar de hombres entre los que elegir.

Tenía unas largas y esbeltas piernas que rara vez no iban acompañadas de unos altos tacones. Los vestidos eran su más fiel compañía, y los colores de sus uñas cambiaban casi a diario. Aquel día de verano, un vestido liso y unos zapatos de tacón negros, eran toda su protección frente al mundo exterior. Las uñas y los labios pintados de rojo pasión, completaban a aquella chica.

Pasó una rato mirándola, y soñando conocerla, cuando quedó libre el asiento de al lado, ella se sentó junto a él. Se pasaron varias paradas, incluso en las que debían haberse bajado, dejaron aquel lugar cuando llegó a su destino.

Caminaron un rato juntos, y ella rozó su mano. El no la dejó escapar jamás.

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