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24.10.13

Si me dan a elegir...

Su pelo negro, los ojos grises como las nubes antes de la tormenta. La cara como la de una muñeca de porcelana, rota demasiadas veces por eso que algunos llaman amor. Aquellos labios, tan firmes y suaves, que besaban, mentían y ya cada vez menos, dibujaban una sonrisa.

No era demasiado alta, pero tenía la maravillosa cualidad de saber destacar entre todas las mujeres. Se ponía de puntillas cuando reía. Jamás me dijo que me quería pero sin ir a ninguna parte me salvó de mil mares en un jueves que resulto ser martes.

Tan sólo un puñado de veces me pude despertar a su lado, pero poder apartar su pelo para ver su cara mientras dormía, y hacerme el dormido para que me despertase a su manera… eso era mi vida.

Me deslizaba su dedo índice por el cuello, queriendo encontrar lo que no estaba buscando, tratando de ver mis sueños, sin saber que ella era el único sueño que quería tener para siempre.

Después acercaba su cara y la dejaba descansar sobre mi pecho, hasta que podía acallar mis buenos días con un beso suave como el acero recién fundido.

Se acabó, y a pesar de no ser un tipo con la lágrima fácil, los vasos de whisky recogieron mis lágrimas…

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