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21.9.13

Sol de Julio

Tras casi diez minutos bajo el  frío agua de la ducha decidió salir. Aunque aquel agua había ayudado a disimular un par de lágrimas que decidieron correr la aventura de cruzar su rostro. Él, se secó con aquella toalla negra, intentando llevarse con ella algún recuerdo. Cogió los boxers que tenía al lado y se los puso.

Mientras una gota de agua proveniente de su pelo recorría su torso, se dirigió a su habitación. Sobre la cama había dejado la ropa que debía ponerse aquel día. Se sentó, atrapó los calcetines entre sus dedos, y los deslizo sobre su resbaladiza piel, eran negros, los subió todo lo que pudo y les colocó minuciosamente. Tras esto, cogió los pantalones de su traje, también negro, se puso de pie y se subió los pantalones, dejó el botón sin abrochar y la cremallera sin subir.

Fue hacia el armario, lo abrió y sacó una camisa blanca perfectamente planchada. Se la puso despacio, notando como rozaba su piel. La metió por dentro de los pantalones, los abrochó y subió la cremallera. Dio dos pasos hasta la silla que había al lado de la cama, entre sus patas, se encontraban unos zapatos negros, minuciosamente limpiados y abrillantados. Se los puso, primero, el pie derecho, ató los cordones, después el pie izquierdo.

Se levantó de nuevo, cogió la corbata negra que descansaba sobre la americana del mismo color, la anudó a su cuello, abotonó los puños y el cuello de su camisa, y mientras un suspiro inundaba su habitación se puso la americana.

Estaba casi listo para marcharse, levantó la persiana de la habitación, un brillante sol iluminaba la ciudad, era normal, aún era julio. Se acercó a la mesilla del lado izquierdo de la cama, sacó su cartera, las llaves de casa y del coche, y su teléfono móvil.

Se dirigió con paso firme hasta la puerta de su piso, echó un vistazo a lo que quedaba allí, miró al frente, abrió la puerta y se fue. Iba a despedirse de ella por última vez.

Nada más cerrar la puerta de su piso, decidió tomar el ascensor, aunque luego pensó que quizás allí encontraría gente, y mientras sacó su teléfono móvil se fue hacia las escaleras.

Estaba llegando al último tramo de escaleras que había antes de acabar en el portal, cuando comenzó a releer la última conversación con ella, no pudo evitar sonreír ante los recuerdos que él mismo había evocado. Guardó su móvil en el bolsillo interior de su americana y salió hacía la calle.

No podía creer que la hubiese perdido.


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