Cuando alguien se va, y es para siempre, necesitas limpiarte de sus recuerdos. Comienzas a deshacerte de todo cuanto te recuerda a esa persona. Tratas de eliminar todas las cosas materiales que te recuerdan a esa persona, convencido de que esto eliminará también el dolor que sientes dentro de ti.
Si has dormido durante muchos años en la misma cama, el uno al lado del otro, en cuanto tienes la menor oportunidad, aquella cama desaparece. La reemplazas por otra más nueva. Una que no esté llena de sueños, recuerdos, alegría, tristeza, llantos, gemidos, sonrisas, miradas, miedos, deseos… La nueva cama está vacía, pero pronto se llenará de dolor, de lágrimas nocturnas que recuerdan a quien te acompañaba cada noche.
Es difícil, porque durante el día eres capaz de soportar esa pesada carga de su marcha, sabes que falta, pero puedes seguir caminando, puedes seguir adelante, luchando por aquellos sueños que teníais en común y ahora te ves en la obligación de cumplir para que esa persona se sienta orgullosa de ti. Cumples algunos sueños, esperando que estos te alivien el sufrimiento interno, pero no es posible, cuantos más sueños cumples, más añoras a quién los quería cumplir contigo.
Por último, tras unos meses desde su pérdida, reúnes el valor suficiente para ver esas fotos. Imágenes de vuestra vida, que retratan todas vuestras vivencias, los momentos más importantes, las alegrías. No lo puedes evitar, lloras. Lloras. Y sigues llorando. Echas de menos a quien te besaba en las fotos, quien te abrazaba, el motivo de tu sonrisa, y ahora de tus lágrimas.
Respiras hondo, tus ojos siguen llenos de lágrimas, que esperan un momento de debilidad para recorrer tus mejillas. Cierras la caja de los recuerdos, y, tratas de esconderla, de guardarla en un lugar en el que jamás se te ocurriría buscar. Y allí permanecen, se llenan de polvo, mientras tú, con una de esas sonrisas que compramos, para que no se note lo que nos pasa, sigues tu camino.
Algún día abrirás esa caja, y sonreirás por aquellos momentos que pasasteis, pero aún no, aún… no puedes evitar llenar ese nuevo colchón de lágrimas…
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