Seguidores

7.9.13

A dos centímetros de ti

“Ni quiero, ni puedo. Ni sé, ni debo. Espero, desespero.”

Se decía aquello cada mañana para tratar de no enamorarse de ella. Para no hablarla. Para no desearle los buenos días y dibujar una sonrisa en su cara al despertar. Era su primer pensamiento cada mañana y su último deseo cada noche.

Muchos hablan del amor, de la parte bonita que se presupone que debe haber cuando se establece esa unión mágica entre dos personas, pero, hay otras partes. El desamor, el amor no correspondido…

El tener a esa persona a dos centímetros de ti, y saber que eso es todo lo cerca que vas a estar jamás de ella. Eso no es bonito. No es bueno. Ese instante en el que piensas: “Sí, quiero, puedo, sé, debo, no espero…” Mientras la otra persona ya se ha alejado de ti, ha vuelto a la “distancia de seguridad” a esa distancia que marca fronteras. Esa distancia que puede ser más alta que un muro, que es imposible derribar, que nunca podrás saltar.

Él no podía seguir así, y acabo con todo. Se separó todo lo que pudo de ella, tratando de hacer el menor daño posible, pidiendo perdón, explicando sin dar razones, llorando sin lágrimas…

Ahora estará a dos mil kilómetros de ella, el muro se volvió mar, el mar océano, el océano mundo, y este, universo.

Se fue sin avisar, sin hacer ruido, sin querer, sin poder, sin aprender a esperar. Termino desesperando, y ella… ella… ella terminó llorando. Llorando por no hacer una puerta en aquel muro que les separaba, por no dar una oportunidad. Ahora no le olvida, pero tampoco hace nada, porque en el fondo, el universo que les separaba les volvía a unir cada noche cerrando los ojos…



No hay comentarios:

Publicar un comentario