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25.7.13

Nubes de tormenta

Sus ojos,  del mismo color que las nubes de tormenta, eran muy grandes. Su sonrisa, casi perfecta, era capaz de iluminar toda una habitación que estuviese a oscuras. Su nariz, pequeña, pero divertida, hacía que el conjunto de su cara fuese muy especial. Su pelo era tan negro como una noche sin estrellas, lo llevaba siempre suelto, y el viento, no perdía la oportunidad de jugar con ello. No era demasiado alta, a pesar de llevar siempre tacones. Su figura esbelta, y aquella belleza y felicidad que radiaba, hacía que fuese imposible no mirarla. Se llama Clara. Y yo, la veo pasar cada día delante de mis ojos. Hace meses que me levanto más temprano cada mañana para poder cruzarme con ella, para mantener nuestras miradas fijas el uno en el otro durante unos segundos…


Pensaréis que estoy enamorado de esa chica, puede ser. Nunca he cruzado dos palabras con ella, pero no lo necesito. Esas miradas que intercambiamos cada mañana de lunes a viernes, de camino a nuestros destinos, son suficientes. Ver esos ojos cada día, que me miran, y hacen que algo dentro de mí, mueva un mecanismo que dibuje una tímida sonrisa, es suficiente. No necesito más que verla cada día. Sentir su perfume cuando ella pasa de largo. Así, ya hace mi mundo un poco mejor.



¿Cuánto necesitas de los demás para ser feliz? ¿Es amor lo que sientes? Yo, no lo sé, ella, me hace sonreír. No puedo pedir nada más, no quiero tener nada más. 

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