“No quiero despegarme de la sombra de tu sonrisa,
porque es el único resquicio de luz que alumbra mi oscuro corazón. Necesito que
desaparezcas para volver a descubrirte, quiero redescubrir cada centímetro de
tu alma, y recorrer cada milímetro de esa piel que enmudece cuando nuestras
manos se entrelazan sellando un acuerdo que jamás hemos verbalizado. Quiero
sentir como se eriza tu piel al acercarme a ti y susurrarte que eres
imborrable, porque eso es lo único que jamás podrás borrar de mí en tus
recuerdos.
Te pido, que por favor, seas esa pálida dama que
cuenta y canta Sabina, la que me lleve hasta el final de esos días de anodina
tranquilidad. Quiero que agites cada palmo de mi mundo para que podamos
construir juntos uno nuevo. Te pido, que leas aquello que llene tu alma y vacíe
tus ojos, porque entonces será útil, y lo mismo puedes hacer con aquello que
escuches. Necesito, que vaciemos estas almas llenas de grietas, que se rompen
de tanto huirnos, y que las destrocemos a golpe de besos, caricias y miradas,
no quiero más.
No necesito más.
Quizás, sea un deseo imposible. Pero quiero
despertarme anclado en esas pupilas llenas de luz, quiero acostarme junto a ese
indómito cabello que me invade hasta en sueños. Quiero perderme en tus
entrañas, caminar por tus largas piernas y morirme, si me dejas, en ellas, para
poder revivir entre tus brazos. Quiero recorrer cada cicatriz, hasta poder
reconocerlas a oscuras, quiero sanarte y que me cures, quiero que tan sólo seas
tú, que me destroces, nos destrocemos y seamos capaces de recomponernos.
Y por último, espero una promesa, que nunca pierdas
esa sonrisa, que jamás dejes que nadie apague esos ojos profundamente azules,
que nunca me mires como si nunca nos hubiésemos conocidos.
Necesito que me
prometas que jamás te convertirás en alguien que no mereces, porque eres
simplemente brutal. Quiero que esa jodida sonrisa permanente, que esos ojos
malditos, cansados de llorar, y en los que sus profundidades azules me perdí
durante meses, jamás derramarán una lágrima que no sea necesaria. Y que esas
clavículas tan perfiladas, se conviertan en abismos, llenos de gloria y de
ángeles caídos. Que esas caderas a las que me aferré en sueños, jamás dejen de
soñar.
Que seas tú, que no te cambie nadie. Aquí te espero,
soñando con esos labios repletos de recuerdos que dejé mientras te despedía”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario