"No tememos a la muerte, tememos que nadie note nuestra ausencia; que desaparezcamos sin dejar rastro" T. S. Eliot.
El placer de poder dejar atrás todo aquello que nos
impide levantar los pies del suelo y soñar. A veces, nos engañamos a nosotros
mismos afirmando que esas imágenes que nos apasionan son las realidades que nos
rodean, y en casi ningún caso la imagen se corresponde con lo que realmente hay
detrás.
De eso va todo, de desaparecer tratando de no hacer
demasiado ruido, pero seguir siendo el eje de rotación de alguna vida que no
pueda permitirse olvidar todo aquello que nosotros aparentábamos ser.
Es quizá,
ese instante de la muerte, en el que nos mostramos como realmente somos, y
dejamos de lado todas esas estúpidas perfecciones irreales que nos empeñamos en
mostrar cada día frente a los demás. Pero no es esto lo que me preocupa, porque
por suerte, o por desgracia, ese es el punto de no retorno, allí ya no queda
tiempo para rectificar
Es ahora, en estos momentos de desolación y hastío
en los que uno debe aprender a dejar todo atrás y lograr despegar los pies del
pesado asfalto que nos ata. Hay que avanzar, hacia cualquier dirección que nos
permita crecer, y en demasiadas ocasiones, ese crecimiento va ligado a la
desaparición de personas que considerábamos fundamentales para nuestro futuro.
¿Pero hay futuro? Sí, está tras ese amplio espectro de esperanzas e ilusiones
que no nos dejan ver el final del camino, pero existe.
Así que despeguen los pies de ese horrible asfalto,
y dedíquense a luchar por un futuro alentador, a pesar de que se obcequen en
pintarnos todo de negro, sólo nosotros podemos darle luz a ese maldito abismo
que nos espera. Saltemos al vacío.
“Ars longa, vita brevis”
No hay comentarios:
Publicar un comentario