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5.6.15

Y cómo

Y cómo pueden decir que es amor, si nunca se han estremecido tus papilas gustativas al rozar su piel.

La suya, era tan ácida y electrizante como un limón exprimido directamente sobre la lengua, aunque tenía esos toques dulces, tan característicos de su cuello. Supongo, que eso también es algo importante, porque tiene la mezcla perfecta entre ácido y dulce.

Tan perfecta como ese café que no tomamos, porque sin mediar una palabra nos volcamos en una historia que parece no tener un final.

Esa mezcla, tan particularmente peculiar, como esos ojos, los que se escondían entre mis pestañas los días de lluvia, en los que una mirada era suficiente para decir que todo iba a ir bien.

Si no han sentido que su piel se deshacía al tocar sus manos, siguen sin poder decir que se han enamorado. Y no me digan que vale todo si uno quiere con todas su fuerzas, porque si uno no siente algo diferente al querer, no puede decir que está enamorado. Ni siquiera han tenido ese típico nudo en el estómago al ver como se acercaba ella.

Y es que ese instante en el que llevas meses sin verla, o la ves por primera vez después de algo inesperado, hace que desaparezca absolutamente todo lo que rodea a su figura. Pero eso no es lo mejor de todo, quizás, cuando escuchan su voz, tenue y calmada, aunque distorsionada levemente por el teléfono móvil, sus vellos se niegan a no reaccionar y una estúpida sonrisa se les dibuja en la cara, eso sí puede ser lo mejor.

Pero que les voy a decir del amor, si cuando roza mis labios tan sólo siento su aliento ahí, al lado de mi intrépido pulso, como un leve silbido en una de esas noches de verano en las que hace demasiado calor como para soñar.


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