Tengo
miedo de olvidar. Quizás, esa capacidad que tenemos de aferrarnos a los
recuerdos nos lastre en más de una ocasión, pero yo, tengo miedo. No quiero no
poder recordar un instante que puede que no fuese diferente a los que le
siguieron, pero que marcó un punto de inflexión en el camino que había
recorrido.
Hay
muchas cosas que he bloqueado dentro de mis recuerdos, aunque hay otras tantas,
que a pesar de ser igual de pésimas, las necesito para poder seguir hacia la
meta. Lo cierto es que es mi mayor temor, olvidar(te).
Puede
que a veces me cueste recordar alguna de tus facciones, e incluso, hay
demasiadas veces que ni tan siquiera puedo dibujar, aunque sea vagamente, tu
figura en mis sueños. No es por falta de verte, es más por el miedo que me
provoca perderte, y que me olvides, que nos olvidemos. Si olvido, se perderán
segundos que han dejado una gran huella, y no quiero.
Todos
estamos hechos de miedos, infantiles, adultos, incomprensibles, soportables,
asfixiantes, desconocidos… Pero no podríamos vivir sin el miedo de tener algún
miedo. Puede que a veces tan sólo sea una triste imitación de lo que en
realidad deseamos, o puede que realmente dibuje en nuestra mente algo tan atroz
que no podamos soportarlo.
Y
es que creo que a veces, te tengo miedo, porque ya no sé si te quiero. Te tengo
miedo, porque sé que te pierdo. Tengo miedo de no encontrarte si una noche
oscura nos invade. Tengo miedo a no recordarte cuando pasen los años. Tengo
miedo al desengaño que me provocan tus ojos. Tengo miedo a que esa mirada no se
cruce con la mía un día más. Tengo miedo de que me sueltes la mano. Tengo.
Miedo.
Y
a pesar de mis miedos, te tengo. Te tengo de noche, de día, cuando el sol
brilla, y cuando la luna llora. Te tengo, aunque no te vea. Te tengo. A ti.
No
necesito más. No quiero más.
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