Seguidores

13.8.14

Escalofrío

Un tenue escalofrío recorrió su espalda cuando él, con su labio partido, por las desventuras de una noche demasiado larga, le buscaba la media sonrisa escondida entre las dos puertas de su boca.

Él, era el típico tipo que no dependía de nadie, que andaba buscando más tarde que pronto una buena falda en la que pasar más de una hora al calor de un alma, que al contrario que la suya, no estuviese cosida a retazos entre las piernas de algún amor que no duró.

Ella sabía de sobra que aquel tipo desaliñado, con una nariz contundente, unas facciones rudas, unos ojos penetrantes, y unos labios rotos por la torpeza a la hora de elegir con quien jugarse los cuartos, no era lo que necesitaba.

El escalofrío por fin remitió, pero una electrizante sacudida recorrió sus piernas. El vestido de niña bien, hacía juego con ese pelo tan de princesa que se gastaba. Y era, sin dudar, el contrapunto perfecto a los vaqueros y la camisa del mal entendido como hombre.

Después del escalofrío y la electrizante sacudida, su piel se erizó cuando las manos de él resbalaron bajo el vestido, buscando, con bastante éxito, algo que poder llevarse a la boca. No aguardó más que un par de segundos, y cuando ella, ruborizada por la maniobra casi suicida pestañeó durante unos segundos, se deshizo hábilmente del vestido.

Allí quedó, descubierta ante ese tipo curtido en más de mil camas, luciendo un torso y un físico digno de una modelo, con su ropa de encaje, especial, demasiado para un tipo de lo más normal. Él, se descubrió ante ella, y dejó ver su tonificado cuerpo.

Volvió a ruborizarse de nuevo.


Así, es como un escalofrío cualquiera, un día cualquiera, te lleva a una noche como ninguna…

No hay comentarios:

Publicar un comentario