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7.7.14

Momentos sostenidos

Últimamente no encuentro motivos para no olvidarme de olvidarte. Supongo que la distancia marca el camino, abre el destino así su puerta en la que ni tu ni yo, entraremos. Puede que tan sólo sea la señal inequívoca de esa incompleta realidad que nos ocupa cuando, solos tú y yo, nos miramos a los ojos sin complejos ni engaños. En ese instante en el que los dos dejamos de ser nosotros para ser ellos.

El estado sostenido de anhelada felicidad que me inunda cuando me dices te necesito, se llega a hundir cuando me miras para decir por fin, que hasta aquí llegó la aventura de no querer ser más que el que tú no querías querer.

Y es que su risa, su pausa con prisas, las sonrisas distantes, las distancias amargas y los vuelos de sus faldas, me hacían darle la razón al corazón cuando decía que esto no era más que amor. Echando de menos acabe soportando de más. Cuando ya no puedes caminar, tienes que parar un instante, sentarte a reflexionar, cerrar los ojos y pensar.

Pero si cierro mis ojos, solo la veo a ella. Esa que quiero querer olvidar, esa que, aunque no se me olvida se perfila ante mis ojos, esperando para morir matando entre sus labios, sus brazos y sus piernas.

Así es como se reconstruye una historia que nunca comenzó, porque amor, esto sólo lo vemos tú y yo. Nos perderemos en mil batallas entre tu espalda, nos reconciliaremos en los brazos de Morfeo que sin querer, mecemos los dos en sueños. Empaparemos las sábanas de la cama en lágrimas, risas y amor. Y sí, cuando solo quedemos tú y yo. Entonces. Seremos tan solo los dos.



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