“Felicidad. Nueve letras llenas de
nada que lo encierran todo”
Sé
que hay diversas concepciones acerca de la felicidad, y la mía no es ni mucho
menos la más adecuada. Generalmente me dedico a vivir en gris, a descubrir la
mediocridad pasando de puntillas por todos los lugares a los que voy. Y que les
voy a decir, no va nada mal, no apareces en ningún lado y tu persona es tan
volátil como una partícula de polvo. Cada uno elige su camino, supongo.
Hay
quien es feliz viendo a su pareja tan sólo los fines de semana, o incluso
hablando con quien más quiere por whatsapp
durante menos de diez minutos. Creo que tampoco soy de esos. Además de ser un
tipo (más adelante les hablaré de esto) bastante solitario, no creo que deba
fijar mi estabilidad en una sola pieza, como hacen algunos, me atrevería a
decir de muchos e incluso demasiados. Es algo así como jugarse a una sola carta
todo lo que tienes, y si sale bien será perfecto. Pero si sale mal (y casi
siempre es así), perderás años, meses, o en estos tiempos fugaces puede que con
un poco de suerte tan sólo un par de semanas de tu, digamos que, maravillosa y
trepidante vida.
Definitivamente
no soy de esos de antes. Hay otros que encuentran la felicidad en las pequeñas
cosas, un pequeño trabajo, una pareja de la que no se deshacen ni con agua
caliente aunque le esté haciendo daño y no le permita avanzar, vivir en una
pequeña ciudad y no querer abandonarla… Les admiro. La verdad es que a pesar de
ser el tipo más gris que puede que conozcan, tengo anhelos de algo mejor, así
que no, estos tampoco me sirven.
Y
luego están esos otros que siempre quieren más, que juegan todo a varias
cartas, sin mezclar, corriendo riesgos seguros, jugando sin querer en esta vida
que es todo azar. Me uniré a ellos, porque últimamente las cartas que tengo son
todos ases, y ellas convierten la aventura en una simple excursión. Algo más,
jamás dejan que me siente en una de esas piedrecitas que adornan el camino y
eso es algo que hay que agradecer. Parar y retroceder no está permitido,
avanzar es lo único que importa.
Por
último, aparecen esos tipos (sí, esos que son un poco desalmados, que viven de
los demás), que tan sólo viven de la felicidad ajena, de la que rompen, no de
la que provocan.
Cada
cuál elige su tipo, y yo, que soy un tipo cualquiera, les digo que lo
importante no es el camino, sino la compañía. No es el día sino el momento. No
es estar acompañado, es tener buena compañía. Y les digo que yo… (Añadan el
final que más les guste porque son ustedes quienes deciden lo que tienen).
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