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27.2.14

Un silencio roto

El silencio se rompió en sus labios, y se tornó en un ruidoso silencio. Sus palabras, calladas, tristes y llenas, vagaban entre la gente, que con sus llantos, no hacía más que avivar aquel silencio tan lleno de ruido.

No son buenos recuerdos, es más, ni sé si lo recuerdo con claridad. Pero esa sensación de estar sumido en un profundo silencio, como si de un abismo se tratase, y que ni un gran ruido pudiese elevarte de nuevo hacía la superficie, eso, si lo recuerdo. Nunca se olvida. Había tanta gente, y toda ella llorando, bueno, sentía que lloraban al ver sus caras compungidas por el dolor, pero no era capaz de oírles.

Pasé entre un puñado de personas, que me paraban, lamentando todo aquello que pasaba, y yo, tan sólo me dedicaba a asentir levemente, y continuaba mi camino.

Pero en ese instante apareció ella, como si hubiese sido enviada por ángeles. La vislumbré allá a lo lejos, como yo, perdida entre la gente. Apenas movió sus labios, era imperceptible, pero yo fui capaz de oírla. Me susurraba en la distancia que fuese con ella.

Y fue entonces donde el silencio se rompió entre sus labios. Desperté de aquel sueño, en que creí haberla perdido, pero no.


Aún estaba a mi lado, tumbada sobre la cama, me aferré a ella y se despertó. La miré temeroso, no quería que se marchase nunca más, y me miró. Me miró y me llenó de alegría, de vida, de amor. Aquella noche, apenas dormimos después de eso, pero os puedo jurar… que al menos, nos quisimos.

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