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28.11.24

Acrósticos para nadie


Aún escucho los cristales que albergo dentro de mí. 

Languidezco ante tantos recuerdos.

Busco entre el corazón y la herida un pequeño recoveco en el que pararme y observar.

Atosigo a mi corazón, para que pueda bombear la sangre suficiente para poder llevarse esos recuerdos, y mantenga mi cabeza estéril y vacía.

Y aún así, entre el latido y la herida, el pulso imperfecto y la ausencia, te encuentro.

Llega la noche, y cada giro de insomnio vuelve a traerme el ruido de cristales rotos.

Ni el corazón ni el recuerdo, yo solo sé lamentar tu ausencia desmedida, impertérrita y cuidada.

Siempre elegiré la herida, al menos de la cicatriz uno jamás se olvida.



M.

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