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26.3.20

De heroínas y villanos


Hoy, que debemos quedarnos en casa, que comprendemos la fragilidad de la vida con más crudeza, encuentro en todas ellas la inspiración, en quienes se enfrentan cara a cara a todo esto que nos priva de tocarnos y abrazarnos. Pronto volveremos. Pronto abrazaremos de nuevo. 

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Por fin hemos encontrado referentes a los que valorar en la sociedad y a quienes tomar como ejemplo. En este momento, médicas y enfermeras, sin olvidarnos de celadores, personal de limpieza, técnicos sanitarios, auxiliares y todo el personal que integra nuestro sistema sanitario, se colocan en primera línea luchando contra un enemigo invisible. Ellas, las médicas y enfermeras, siempre están ahí, pero necesitamos situaciones extremas para vernos en la obligación de reconocer su labor.

Todo esto de aplaudir cada tarde a nuestros sanitarios, me parece un gesto enorme por parte de esta sociedad, pero debo deciros algo, qué este reconocimiento no empañe el exhausto trabajo al que se someten debido a los incesantes recortes sanitarios que hemos sufrido a lo largo de la última década. No debemos olvidar la precariedad a la que se enfrentan cada día, no sólo en estos momentos, cada vez que no disponen de los equipos necesarios o que no pueden llevar a cabo todo lo que desean por falta de personal, quizás debamos reflexionar sobre ello. Ellas, son la base del estado de bienestar, el sustento de la sociedad, desde el nacimiento hasta la muerte, aunque por el camino se nos olvide. Nacemos y morimos a su lado, amparados en su tremenda generosidad, en su empatía y en su lucha constante, para que todos nos agarremos a la vida como a un clavo ardiendo.

Ellas son la primera línea de vida, y las primeras en sentir la muerte. Y no puedo ni imaginar la de lágrimas que habrán derramado por ese amor desinteresado que nos profesan. Porque ser médica o enfermera, no es simplemente una carrera de fondo que implica adquirir infinitos conocimientos, que no dejan de adquirir en toda su vida, porque la sanidad es un escenario cambiante, sino que también es vocación. Voluntad, alma y corazón.

Ahora mismo, muchas de ellas están renunciando a su familia, a sus parejas, a su vida en general para protegernos. Para hacer frente a un enemigo común al que ellas se exponen por todas nosotras. Pero no es necesario que hagan turnos de doce horas, que no descansen, que no puedan refugiarse en la oscuridad y la soledad de su habitación para soltar todo aquello con lo que cargan. No podemos consentir que se las cuide tan poco, que se las exija tanto y se las premie tan poco.

Ellas son heroínas, desprotegidas, pero valientes, empáticas, constantes, luchadoras, cariñosas. Ellas nos traen a la vida y nos dan una dulce despedida. Aplaudidlas, no sólo durante esta cuarentena cada tarde para reconocer su trabajo, sino cada día, cada vez que vais a un centro de salud y las veis desbordadas sonreídles, ellas no son las culpables de los colapsos, los villanos son otros.

Cuidemos de todas ellas.

Para todas aquellas heroínas, que cuidan desinteresadamente de todas nosotras.


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