Seguidores

11.3.20

Ave fénix

Han pasado setenta y un días desde aquella vez. He dejado de escribir durante treinta y 
siete días. Tengo el corazón a punto de estallar y cada una de estas palabras son mi 
salvación. Durante este quejumbroso silencio, he escrito poemas y no ha dejado de habitar mi cabeza ni mi pecho.

Hace apenas un par de semanas, un veinte de febrero, descerrajó a bocajarro otro disparo a la boca de mi estómago. La soledad durante todo este tiempo me ha sumido en un estado de irreverencia total, en un colapso mental que me impide relacionarme con claridad. 

Todo esto, simplemente me empuja a escribir. A recordar esos ojos verdes que quiero devorar en una mirada y que, aún, sin esfuerzo, veo cada noche al cerrar mis ojos. 

Tengo una constelación tatuada en la memoria, no he podido unir cada una de sus estrellas para trazar un plano, pero estoy seguro de que alguna de ellas lleva mi nombre, está esperando a ser descubierta. Estoy aterrado, porque ella ha sido capaz de nimbar mi alma con la suya y todo eso me dejó estupefacto. ¿Qué se hace cuando uno no tiene respuestas? ¿Cómo alguien puede exhalar su aire y hacer que todo eso sea el aliento necesario para continuar?

Estoy sumido en la locura absoluta, como un león encerrado en una jaula tras haber vivido en cautividad durante toda su vida. Me siento pleno de energía y roto por dentro al mismo tiempo. Es una sensación extraña que me late aquí dentro, que hace que el corazón esté a punto de desbocarse y que no pueda pararme absolutamente nada. Estoy vivo, y pienso demostrarlo.

He creado una constelación de recuerdos, supongo que se parece a la tuya, o simplemente, quizás, se superponga a las mías para poder recordar todo. Quizás, ahora encuentre en el recuerdo algo que pasé por alto, algo que fue un detalle que me empujó al abismo. No sé si encontraré la razón de toda esta desazón, porque quizás mi única solución sea encontrarme frente a frente con esos ojos color aceituna, como tú me dijiste, para que puedan decirme lo que tu boca es incapaz de expresar con palabras.

Quiero comerme el miedo, ese monstruo que me ha atenazado durante mi existencia, se está haciendo pequeño. He creado un superpoder, aquel que me regalaste sin saberlo diciéndome a la cara que yo era capaz de todo, que podía comerme el mundo. Ahora me lo creo. Ahora estoy pegándole bocados infinitos a esta historia que se escapa entre mis dedos, a esta vida que di de lado y que quiero recuperar. 

Siempre que puedo, encuentro un instante, cierro los ojos y aprieto mis labios fuertemente, aún sigues aquí, cosida a mis tinieblas, abrazada a mis costillas. Sé que no 
te has ido, que, aunque quisieras, tu corazón te impide abandonarme a mi suerte.

“Sentiré como desgarras cada herida.
 Abrirás las cicatrices.
 Nimbarás tu alma con la mía.
 Dejarás tu experiencia en mi esencia.
 Reunirás mis cenizas.
 Avistarás al fénix”.

Había muerto y he resucitado como el jodido ave fénix.

No hay comentarios:

Publicar un comentario