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7.7.16

El camino

Últimamente leo bastante, casi siempre lo mismo, como si quisiese sacar de unas palabras que he leído cinco veces en las últimas semanas un mensaje distinto cada vez, uno que sea capaz de satisfacer todo eso que me revuelve por dentro. No surte el efecto deseado, es más, creo que ni siquiera ya produce un efecto. Me agita, me vuelve a obligar a volver mis ojos sobre esas letras escritas a mano, me rompe, me desgarra de arriba abajo, y me deja de nuevo ahí, tirado en mi silla de escritorio, blanca, impoluta, como si nunca nadie se hubiese sentado allí. Vuelvo a tener esos papeles ante mis ojos, busco una pista, un atisbo de una genialidad que no espero y que quiero que me devuelva las esperanzas perdidas.

Vuelve. Cada noche, sigue siendo ese último pensamiento que cruza raudo por mi cabeza y que desvela mis profundas ganas de dormir y no despertar en unos días, de dormir, y estar en ese mundo onírico en el que todo es posible, en el que sigues estando ahí, aquí, conmigo. Me pongo música en los oídos, suenan Quique González, Vetusta Morla, Love of Lesbian e Izal. Te encuentro en cada una de sus letras, como si me estuvieses acechando bajo esas canciones que me gustan, que me recuerdan que aún hay algo por lo que merece la pena seguir impulsando los pies hacia delante.
Te encuentro siempre que no deseo buscarte, y cuando te necesito, también apareces. Ese recuerdo me está desgarrando por completo, apenas tengo una imagen clara en la cabeza, pero el nudo en el estómago me recuerda que sigues ahí. Y como siempre, cuando todo parece estar sumido en una realidad demasiado oscura, aparece alguien que lo llena todo de luz, que hace que esos fatídicos sueños se conviertan en simples sueños, que no me quitan más que un par de horas de descanso. Alguien que le da un nuevo sentido a canciones que antes estaban vacías, y que hace que los lugares de la ciudad tengan un color diferente en mis recuerdos, porque aparece en ellos.

Y la vida son pequeñas grandes revoluciones, que te llevan a un nuevo camino en el que lo importante no es la meta sino la compañía, en el que los sueños que parecían inalcanzables se comienzan a rozar con la yema de los dedos, y esta vez estoy completamente seguro de que voy a poder aferrarme a ellos. No sólo por mí, por todo eso que llevo pegado a la piel, que es lo más importante, por esos recuerdos, esos latidos perdidos, esas lágrimas contenidas y por todo eso que está por llegar, por todas esas sonrisas, porque ahora sí, voy a morder esos sueños para devorarlos por completo y poder seguir el camino.


“No es más fácil, si lo fuese no me gustaría, pero es mucho más divertido”. 

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