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21.9.15

Lo.cura

Su mirada callada e inquieta, su risa nerviosa y brillante. Unos cabellos ciertamente largos, y unas pupilas tan intrépidas como ella misma, son la perfecta definición de una mujer que esconde mucho más de lo que enseña.
Y esconde todo aquello que uno no ve si tan sólo mira. Porque a ella no hay que mirarla, hay que verla, desde las profundidades, para poder comprobar que hay algo más allá del fango en el que nos encontramos aletargados. Y ese algo más, es su tímida e imperfecta sonrisa enmarcada entre esos labios, profundamente rojos, que son la puerta a una vida nueva, más tranquila, más pausada, al ritmo de sus sonrisas, con las urgencias de sus besos y las pausas de sus abrazos.
Al igual que no hay noches sin luna, no hay besos sin una pizca de locura. Y la suya está encerrada dentro de un cuarto, amplio y luminoso, con vistas al paraíso. Yo me quedo allí a vivir, con ella.
“Buenas noches” -  musitó.
“Tan sólo noches, sin ti, ya hace tiempo que no son buenas” – afirmé.
Disparó una sonrisa, de esas tan suyas. Escondida, pero llena de eso que antaño tuvimos, una locura sin igual, desmedida y contenida.

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