Lo.cura
Su mirada callada e inquieta, su risa nerviosa y
brillante. Unos cabellos ciertamente largos, y unas pupilas tan intrépidas como
ella misma, son la perfecta definición de una mujer que esconde mucho más de lo
que enseña.
Y esconde todo aquello que uno no ve si tan sólo
mira. Porque a ella no hay que mirarla, hay que verla, desde las profundidades,
para poder comprobar que hay algo más allá del fango en el que nos encontramos
aletargados. Y ese algo más, es su tímida e imperfecta sonrisa enmarcada entre
esos labios, profundamente rojos, que son la puerta a una vida nueva, más
tranquila, más pausada, al ritmo de sus sonrisas, con las urgencias de sus
besos y las pausas de sus abrazos.
Al igual que no hay noches sin luna, no hay besos
sin una pizca de locura. Y la suya está encerrada dentro de un cuarto, amplio y
luminoso, con vistas al paraíso. Yo me quedo allí a vivir, con ella.
“Buenas noches” -
musitó.
“Tan sólo noches, sin ti, ya hace tiempo que no son
buenas” – afirmé.
Disparó una sonrisa, de esas tan suyas. Escondida,
pero llena de eso que antaño tuvimos, una locura sin igual, desmedida y
contenida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario