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15.8.15

La mujer de los ojos azules

La mujer de los ojos azules, llamémosla Sofía, esa que un buen día me dejo sin noches.

Tiene unos ojos tan sumamente profundos que pese a haberme perdido más de una noche en ellos, desearía poder volver a naufragar en ese abismo de sus pupilas. Ahora que no la tengo cerca, mis malditos recuerdos no me dejan alejarme de ella, porque saben que aquello que sentí al verla caminando hacia mí la primera vez, sigue latiendo en mi maltrecho corazón. Ese corazón que partió con ella y que espero que no vuelva, porque tan sólo me hacía sentir vulnerable y frágil.

Que se lo quede, no quiero tenerlo de nuevo, porque si tengo que sentir que sea por ella, por otra no merece la pena, porque siempre tendré ese maldito recuerdo atormentando mis sueños. Y esos besos que nos quedaron por dar, me los guardaré por si vuelve, porque nadie los merece más.

Es adicta a las profundidades, las de sus heridas de guerra y de vida son mis favoritas. Esa cicatriz que se difumina en su rostro es tan sólo una parte más de su mística belleza, porque hay que ver lo jodidamente difícil que es olvidar esa cara, partida en dos por una vida que no merece.

Sus labios, suaves y escondidos, encargados de un triste adiós que nos dedicamos en una estación de autobuses. Los culpables de aquellos besos que quedaron a medias en más de una noche porque ninguno de los dos fuimos lo suficientemente valientes como para jugarnos unas sonrisas a cara o cruz.

Y si algo nos tenemos que jugar en esta vida, que sean sus miradas, sus sonrisas, su irreverencia, su complicidad, nuestras llamadas de madrugada o ese 21-2-1 que puede que nadie más que ella entienda.

Si la ven por ahí, con su largo cabello negro, con sus pasos cansados, su sonrisa etérea y eterna, y esa mirada tan suya que consideré casi nuestra, díganle que quiero que vuelva. Necesito que esté aquí, porque ese olor a mora o a “nenuco” no se puede olvidar ni con diez años de distancia.

Aún la huelo por ahí, parece que puede volver en cualquier momento, pero no, tan sólo es un vago recuerdo de esos cientos de pasos que hemos compartido.


Vuelve, si quieres, pero que sea conmigo. Y aunque está oscuro, ahí  viene el sol…

                                                                                                                                            R

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