La
mujer de los ojos azules, llamémosla Sofía, esa que un buen día me dejo sin
noches.
Tiene unos ojos tan sumamente profundos que
pese a haberme perdido más de una noche en ellos, desearía poder volver a
naufragar en ese abismo de sus pupilas. Ahora que no la tengo cerca, mis
malditos recuerdos no me dejan alejarme de ella, porque saben que aquello que
sentí al verla caminando hacia mí la primera vez, sigue latiendo en mi
maltrecho corazón. Ese corazón que partió con ella y que espero que no vuelva,
porque tan sólo me hacía sentir vulnerable y frágil.
Que
se lo quede, no quiero tenerlo de nuevo, porque si tengo que sentir que sea por
ella, por otra no merece la pena, porque siempre tendré ese maldito recuerdo
atormentando mis sueños. Y esos besos que nos quedaron por dar, me los guardaré
por si vuelve, porque nadie los merece más.
Es
adicta a las profundidades, las de sus heridas de guerra y de vida son mis
favoritas. Esa cicatriz que se difumina en su rostro es tan sólo una parte más
de su mística belleza, porque hay que ver lo jodidamente difícil que es olvidar
esa cara, partida en dos por una vida que no merece.
Sus
labios, suaves y escondidos, encargados de un triste adiós que nos dedicamos en
una estación de autobuses. Los culpables de aquellos besos que quedaron a
medias en más de una noche porque ninguno de los dos fuimos lo suficientemente
valientes como para jugarnos unas sonrisas a cara o cruz.
Y
si algo nos tenemos que jugar en esta vida, que sean sus miradas, sus sonrisas,
su irreverencia, su complicidad, nuestras llamadas de madrugada o ese 21-2-1
que puede que nadie más que ella entienda.
Si
la ven por ahí, con su largo cabello negro, con sus pasos cansados, su sonrisa
etérea y eterna, y esa mirada tan suya que consideré casi nuestra, díganle que
quiero que vuelva. Necesito que esté aquí, porque ese olor a mora o a “nenuco”
no se puede olvidar ni con diez años de distancia.
Aún
la huelo por ahí, parece que puede volver en cualquier momento, pero no, tan
sólo es un vago recuerdo de esos cientos de pasos que hemos compartido.
Vuelve,
si quieres, pero que sea conmigo. Y aunque está oscuro, ahí viene el sol…
R
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