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18.3.15

La tormenta Perfecta

La tormenta perfecta no existe, la naturaleza ha sido incapaz de crear un acto tan sumamente coordinado y desacompasado como ese que dibujaban sus azules ojos. Esos, que buscaban una paz rota por el silencio de alguien que nunca hablaba demasiado. Aquellos ojos, tenían atados a las pupilas un puñado de buenos recuerdos, que se llenaban de sonrisas en el recuerdo de quien no puede negarse a no olvidar.

Esos ojos, que en cualquier otro rostro tan sólo serían un par de pupilas más, en el suyo eran la conjunción perfecta de miedo y pasión. Se desataba en ellos una reacción en cadena que convertía a un tipo cualquiera en el tipo cualquiera más afortunado del estúpido universo.

Alguien ciego en el país de los tuertos podría haberse enamorado de una mirada como aquella. Y no es que sea difícil, el problema estaba en olvidar todo aquellos para poder dedicarse a la interminable tarea de no poder olvidar lo olvidado.

Era difícil no mirar atrás cuando has estado a su lado, todo aquello te recuerda que puede ser mejor. Quizás ese olor extrañamente conocido de alguien que se pierde entre las calles, y tu ni siquiera conoces, te lleve a uno de esos instantes en los que tan sólo necesitas volver a saber volver a ese momento en el que dijiste demasiado pronto que, quizás.

Y no es que no se pueda no querer olvidar, pero es que es imposible no recordar ese par de pupilas, tan azules como las olas de un mar olvidado en los pensamientos de una mujer cualquiera.

“Lo pintó todo de negro esperando encontrar la soledad en su compañía, negó la evidencia de perder la conciencia. Se marcharon los dos, dejando tras de sí un rastro de sonrisas rotas a contraluz, de fotos emborronadas por las lágrimas de sal de alguien que aún no ha aprendido a perdonar. Puede que esas instantáneas tan frecuentes en las que los dos no eran más que uno, fuesen tan sólo el preludio de una soledad que estaba más allá de lo que los ojos pueden ver. Llegó, se fue, volvió. Y en su alma tatuó un par de besos que encontró perdidos en el camino de un tipo tan corriente, que se volvió, diferente.”

2 comentarios:

  1. La tormenta perfecta como colisión de los ojos más impactantes. Los recuerdos más infinitos. El olvido más aterrador.
    ¡Qué descripción de todo lo que se puede leer en una simple mirada!
    "Aquellos ojos, tenían atados a las pupilas un puñado de buenos recuerdos, que se llenaban de sonrisas en el recuerdo de quien no puede negarse a no olvidar."

    Siempre es un verdadero placer leerte. Creo que cada vez que te visito me marcho con la sensación de querer volver a regresar.
    Siento haber estado algún tiempo sin comentar, pero he decirte que me ha encantado...
    Muy grande, Miguel.
    No dejes de escribir, en serio.

    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. Me halaga mucho tu comentario, y más en este momento en el que es difícil encontrar palabras para poder describir momentos.
      Tú tampoco debes dejar de escribir, porque eres sublime.

      Un abrazo.

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