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30.8.25

Tristeza

Transito la tristeza como quien camina por unas brasas aún demasiado candentes, que humean al contacto con la piel. Y, espero la crónica de ese dolor anunciado, en un intento desesperado por sentir algo.

Llega, de pronto, a las tres de la madrugada, cuando el mundo calla y la calma aborda mi cama. Entre mis dedos se pierde un recuerdo, que emana de esa tristeza, callada y ausente. Supongo que se ha convertido en esa acotación al lado del texto que nadie lee. 

El personaje, abatido y cansado, exhausto por la ausencia; algo así podría decir la breve acotación bajo mis pies. Y de la nada, ella, y de pronto, nada. Supongo que eso es todo lo que me queda.

Una ausencia larga, un dolor perpetuo, largamente anunciado, y, la esperanza de que cuando llega el alba, todo se va. Se recoloca en un costado y se reconoce ausente durante el día. 

Omitamos la nota al pie.

Transitamos la tristeza siendo cenizas de todo lo que no se fue.